Un día más de marzo (cuento)

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Un día más de marzo (cuento)

Mensaje  Erika el Mar Feb 16, 2010 1:45 am

Un día más de marzo

Muy temprano ese día Julio Álvarez discutió con su mujer. Una más de las tantas veces en que su carácter volátil le llevó a reclamarle por la falta de dinero, por su ausencia de días y por el poco cariño que le demostraba. Pero, cómo, pensaba él, puedo seguirte demostrando algo si para ti nada de lo que hago es suficiente. Una más de las discusiones de cada semana.

Para Regina Calado la mañana fue tranquila. Sus tres hijos y su sobrina siguieron por el sendero hacia la escuela. Había sido una bendición encontrar una casa tan cerca de todo. El único problema era el ruido de la autopista. Los carros, camiones, autobuses, bocinas, gritos. La cacofonía diaria de una ciudad parcelada por la angustia, la alegría, el cansancio de rutinas necesarias que, paradójicamente, garantizaban la estabilidad de sus habitantes. Por algo los sociólogos dicen que la única forma de alejarse de la alienación moderna es manteniendo la monotonía plácida de los quehaceres cotidianos.

Samuel Guzmán, por su parte, amaneció dormitando en el sofá de la oficina. Ya tenía 23 años de ser policía y el municipio más grande de la ciudad aún encerraba muchos enigmas por resolver. Sus años en la fuerza no hicieron mella en su ánimo jovial y juguetón, en su empeño por la paz y la justicia. Muchos de sus compañeros recordaban su primer día de agente; como novato entusiasta persiguió por la estación del metro a una mujer que vivía de alquilar niños a los que ponía a mendigar. Samuel corrió por más de media hora tras la señora de chaqueta negra y zapatillas azules. Cuando por fin la alcanzó, se aferró a las largas piernas como perro de caza. Pero se había equivocado de persona. Lo único que recibió después de su primera gran persecución fue una reprimenda y la orden de pedir disculpas para evitar una demanda. Así, cuando querían burlarse de él, desquitar una broma o apremiarle para que la unidad a su cargo diera resultados, le amenazaban, entre risas contenidas, con mandarlo de ronda al subterráneo.

Era un día más de marzo. La primavera había espantado los fríos invernales con sus sombríos augurios de tristeza y pesar; las flores, los niños que corrían, las tiendas repletas de marchantes; todo daba la impresión de absoluta normalidad monótona. Hasta los más desgraciados se habían acostumbrado a llevar su carga de angustias y tormentos como un fardo un poco menos pesado a la luz esplendorosa del verde, la prisa y el sol deslumbrante.

Dieron las siete de la noche. La autopista desde arriba daba la impresión de ser una cobra con luces y sonidos. La marejada de automóviles avanzaba con movimientos imprecisos, por ratos rápidamente; a veces despacio, muy despacio.

Los frenos comenzaron a fallar, pero Julio no se preocupó. Confiaba mucho en su pericia al volante. Ya tenía 10 años manejando camiones cisterna y, aunque su carga de gas era peligrosa, pensó que al día siguiente el mecánico podría arreglar cualquier desperfecto. Lo que realmente rondaba su cabeza era tener que enfrentar de nuevo los sinsabores de un matrimonio de reproches y cuentas por pagar. La culpa la tuvo la vida que le impidió estudiar como era debido; si pude ser doctor, como mi hermano Julián, se dijo mientras pasaba su mano por la frente acalorada, en ese gesto que alguna vez María Dolores había amado tanto. Pero, además, llenarse de hijos, uno detrás del otro, ¡siete en nueve años! Y, claro, qué duro ha sido lograr mantenerlos y mantener feliz a mi mujer.

Pero con la curva llegó el patinazo; todas sus maniobras por controlar el vehículo se hicieron aire entre las manos. Detrás de él, unos ocho carros entre ambos, Samuel venía observando el mover errático del camión. No era policía de tránsito, pero decidió adelantarse para averiguar qué pasaba. Su día había sido bueno. Logró la captura de un conocido vendedor de drogas; le fue comunicado que pronto sería ascendido; su hija mayor lo llamó para contarle que estaba enamorada. Sí, fue un buen día. Ahora, sus ojos no podían creer lo que miraban: las cisternas que arrastraba el camión se blandían en zigzag entre los cientos de automovilistas que circulaban por la carretera. Los segundos se eternizaron en una imagen de las que piensas que alguna vez viviste, reminiscencia tal vez de tus temores más secretos. Porque, ¿qué puede ser peor para un policía que presentir la muerte y no poder detenerla?

La tarde de Regina Calado ya no fue tranquila. Recibió una llamada del banco en la que le comunicaron que ya eran seis los meses de atraso en el pago de la hipoteca. Antes habían llamado, pero siempre conversaban con Pedro Luis, su esposo. Y él no le dijo nada. Después de esa llamada, se le vino todo encima. ¿Será que las cosas malas se aparecen juntas de la mano, como creen algunos, o que como uno se siente mal va haciendo las cosas mal hechas? Ese es uno de los pequeños misterios de la vida. Lo cierto es que se le quemó la pasta, su sobrina se peleó con un profesor, Pedro Luis ignoró sus reclamos y se dio cuenta ya tarde de que los uniformes de los niños estaban sin lavar. Por eso, en el momento en que Julio Álvarez se enjugaba el sudor de la frente y Samuel Guzmán anticipaba la tragedia, Regina Calado restregaba la ropa en su lavadero, acostumbrado su oído al estruendo ensordecedor de la autopista.

- El recuento de los daños es terrible - anunciaba el reportero. - Las cisternas de gas explotaron al chocar el conductor contra la barda de contención. Hasta ahora se cuentan cinco muertos y nueve lesionados. El caso más dramático tal vez sea el de la Sra. Regina Calado que fue alcanzada por las llamas en los predios de su casa. Se supone que el chofer logró escapar, pues no hay indicios de restos humanos en la cabina. Se desconoce su paradero.

En la pantalla se puede ver el infierno de lumbre y humo. Tres coches calcinados sirven de marco a la figura encorvada de un policía.
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Erika

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Re: Un día más de marzo (cuento)

Mensaje  canicheadicta el Vie Feb 19, 2010 12:15 am

ERika me encanta como escribes porque visualizo las situaciones y te metes en los personajes hasta su alma pero es muy trágico lo que escribistes...

El próximo de amorrrrr o de algo feliz oooooo quizas quieras dedicarme un cuento tan lindo como el que me hicistes en Micanichetoy flores

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Re: Un día más de marzo (cuento)

Mensaje  Maro el Mar Feb 23, 2010 10:36 pm

ESTE SI ME HA ECHO ENTRISTECER ERI, ES MUY BONITO COMO LO RELATAS PERO TRISTE AL FIN; AUNQUE NO LEJOS DE UNA REALIDAD MUY COTIDIANA. flores
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Maro

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Re: Un día más de marzo (cuento)

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